Riot Girls review

Todos los adultos han muerto tras una extraña enfermedad y en este pueblecito de Canadá los jóvenes supervivientes se han dividido en dos grupos: los de baja extracción social, que viven en el pueblo, y los Titanes, el grupo de estrellas en el High School que han ocupado el instituto donde fueron glorias. El contenido de una furgoneta se convertirá en el detonante del enfrentamiento entre ambos grupos.

Título original: Riot Girls

Año: 2019

Duración: 81 min.

País: Canada

Director: Jovanka Vuckovik

Guion: Katherine Collins

Música: Peter Chapman

Fotografía: Celiana Cárdenas

Reparto: Madison Iseman, Paloma Kwiatkoski, Munro Chambers, Darren Eisnor, Jenny Raven


La guerra definitiva entre pijos y paletos.

Desde que en el año 1954, William Golding publicara su novela El Señor De Las Moscas, son muchas las películas y series de televisión que han tomado su argumento – un grupo de niños y adolescentes aislados intentan formar una sociedad que repite errores de los adultos – ya sea como denuncia o simple espectáculo. Así de primeras viene a la cabeza la hiperviolenta y divertida Battle Royale de Kinji Fukasaku, el capítulo homenaje/parodia en Los Simpson o la infravalorada serie canadiense Between, claramente el referente de Riot Girls porque fusila su argumento.


Todos los adultos han muerto tras una extraña enfermedad y en este pueblecito de Canadá los jóvenes supervivientes se han dividido en dos grupos: los de baja extracción social, que viven en el pueblo, y los Titanes, el grupo de estrellas en el High School que han ocupado el instituto donde fueron glorias. El contenido de una furgoneta se convertirá en el detonante del enfrentamiento entre ambos grupos.

La ópera prima de Jovanka Vuckovik deja extrañas sensaciones tras su corto visionado, porque empieza con rapidez al presentar a los grupos contendientes, establecer el tablero de juego y dar el pistoletazo de salida… Pero esto se convierte pronto en una travesía por el desierto porque la historia es caprichosa, muy caprichosa, y los personajes son unidimensionales – El bueno, el malo, la chica dura, el objeto de amor, el renegado, etc… - que no tendría nada malo si no fuera porque el guion de Katherine Collins parece escrito como si fuera el piloto de una serie de televisión, ya que la historia de Riot Girls no deja de ser una anécdota que sirviera para conocer este mundo y a los personajes antes de desarrollar sus historias, y todos los protagonistas se mueven de un lado a otro hasta que les toque hablar y/o actuar.

La sensación de encontrarnos ante un remedo de Turbo Kid - ese guiño a las bicicletas, la presencia de Munro Chambers, el aire retro cambiando los ochenta por los noventa - no desaparece en ningún momento y aunque no soy fan de Turbo Kid, está por lo menos jugaba con la desvergüenza y la nostalgia mientras Riot Girls no es capaz de tener un solo momento para el recuerdo; tal vez el mayor problema de esta película es que debería ser una historia “over the top” donde el espectador aplauda las aventuras y desventuras pero, sin embargo, el exceso de intensidad, la desgana de las actuaciones y lo mínimo de su historia, dan como resultado una película que, tristemente, pasará sin pena ni gloria.


Todos los fallos mencionados anteriormente se ven reflejados en el casting ya que Madison Iseman, quien sorprendió positivamente en Annabelle Comes Home, solo pone caras con su personaje inane y objeto del deseo de unos y otros; Paloma Kwiatkoski, como la mujer dura, resulta irritante y parece más una mujer enfadada con la vida que una heroína de acción. Jenny Raven es la joven que representa la esperanza de una vida mejor, pero solo porque nos lo dicen, y Munro Chambers está en pantalla a la espera de la segunda parte de Turbo Kid.

Riot Girls podría haber sido una película que dejase poso, incluso sus pocas y efectivas muertes objeto de aplausos, pero al apostar por un tono ceremonioso se queda a medio camino por falta de ganas o, tal vez, de talento.

Firma: Javier S. Donate.