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Medio Oficial

lunes, 9 de octubre de 2017

Hounds of Love review


Título original: Hounds of Love

Año: 2016

Duración: 108 min.

País: Australia

Director: Ben Young

Guion: Ben Young

Música: Dan Luscombe

Fotografía: Michael McDermott

Reparto: Emma Booth, Ashleigh Cummings, Stephen Curry, Susie Porter, Damian de Montemas, Harrison Gilberston


Terrorífica relación de amor.

De sonados hay en todos los lados. Australia no iba a ser menos y nos muestra un par de especímenes cuyos especiales gustos a la hora de elegir sus amistades son de lo más peculiares. Esos nuevos contactos tienen la particularidad de pertenecer al mundo adolescente con lo que ya os vais haciendo una idea de por dónde van los tiros.

Está ambientada a mitad de los años ochenta en un suburbio de Perth y retrata la vida en pareja de dos psicópatas que si no fuera por sus extrañas aficiones, podrían pasar como un vulgar matrimonio en mitad de la vida. El ritmo del film y la presentación algo fría de ciertas situaciones lo podríamos situar en el entorno más siniestro de Michael Haneke, por eso y a pesar de algunos ingredientes sangrientos, se adentra algo más en el terror psicológico que en el torture porn. Pero no os preocupéis, la angustia malsana y la tensión están totalmente garantizadas.


La pareja protagonista sabe reflejar con maestría una relación de amor-odio, adornada con algún que otro toque de violencia de género bastante peculiar, pero que tampoco se aleja excesivamente de lo que podemos encontrar hoy en día. Si no, basta con leer la crónica de sucesos en cualquiera de sus ediciones y en cualquier lugar.

En un suburbio de Perth, a mediados de los años ochenta, se producen una serie de desapariciones de adolescentes femeninas. Los causantes no son otros que los perturbados John y Evelyn White. A Vicki Malone le toca la china e intenta zafarse de esos malvados buscando algún punto de ruptura entre la pareja.

Gran debut de Ben Young en el mundo del largometraje, haciéndose cargo también de un guion que brilla por todos los lados. Claro, conciso y que no duda en retratar una sociedad algo encorsetada. El ritmo, no demasiado trepidante todo hay que decirlo, es el idóneo, ya que haberle dado algo más de velocidad hubiera ido en su contra, además se necesita algo de tiempo para poder ir digiriendo las imágenes que aparecen en pantalla y eso sabe hacerlo sabiamente el director australiano. En la parte negativa, la escasez de escenas con algo más de chicha. Tampoco queríamos una orgía de sangre y vísceras, pero puestos a pedir...

Tenemos que mencionar la excelente fotografía, obra de Michael McDermott, que aparte de reflejar de manera fidedigna la época, nos regala unas bellas imágenes en las que un movimiento cercano a la pausa llama poderosamente la atención.


En el reparto, uno de los puntos fuertes del film, nos encontramos con una gran pareja protagonista, Emma Booth y Stephen Curry que plasman a la perfección una malsana relación matrimonial donde el amor acaba convirtiéndose en lucha casi animal. Destacar también el trabajo de Ashleigh Cummings, en una gran transformación física.

Recomendarla a todos los amantes del terror. Así de sencillo. Su gran puesta en escena puede servir a todos a los que les guste disfrutar de gran cine. Argumentos no le faltan.

Firma: Josep M. Luzán.
@Josep_Luzan