SITGES - Becky review

Becky arrastra una serie de pesares, sobre todo la muerte de su madre, y por ello no tiene mucha relación con su entorno. Un viaje a la casa familiar, en medio de la nada, es el origen de una pesadilla para Becky, su padre y unos invitados, cuando unos violentos presos irrumpan en el lugar.

Título original: Becky

Año: 2020

Duración: 93 min.

País: Estados Unidos

Director: Jonathan Milott, Cary Murnion

Guion: Nick Morris, Ruckus Skye, Lane Skye

Música: Nima Fakhrara

Fotografía: Greta Zozula

Reparto: Lulu Wilson, Kevin James, Robert Maillet, Joel McHale, Amanda Brugel


Una sorpresa violenta y repleta de adrenalina.

Cuentan las antiguas leyendas que Adam Sandler sabe actuar y que Punch Drunk Love me lo demostraría. Generalmente junto a Adam Sandler encontramos a Kevin James, un tipo gordo con barbas – y que nadie me malinterprete: yo soy gordo y con barbas - que me resulta un payaso… Y por culpa de Becky ahora tengo que callarme la boca.


Becky arrastra una serie de pesares, sobre todo la muerte de su madre, y por ello no tiene mucha relación con su entorno. Un viaje a la casa familiar, en medio de la nada, es el origen de una pesadilla para Becky, su padre y unos invitados, cuando unos violentos presos irrumpan en el lugar.

Vaya sorpresa. El póster, casting, las imágenes promocionales, daban la impresión de estar ante una peli que apuntaba con el argumento – un home invasion – pero que al haber niños en juego no se atrevería a cruzar algunas líneas rojas. Aplausos para Jonathan Milott y Cary Murnion en la cámara y al trío de Nick Morris, Ruckus Skye y Lane Skye al teclado; antes que nada aclarar que Jonathan Milott y Cary Murnion ya habían rodado esa zombedy apocalíptica con niños que era Cooties y Bushwick, una película brutal que merecía mejor suerte de la que tuvo.

Nos encontramos ante una película que es muy disfrutable en casa, cierto, pero debido a sus brutales estallidos de violencia y a esos momentos de gore tan explícitos, ver Becky en una sala de cine tiene que ser una gran fiesta.

Al mando de la función encontramos a Lulu Wilson, cuyo rostro es tan dulce como siniestro, capaz de sentir gran pena por el dolor animal pero también de soltar una rabia infinita en forma de heridas mortales. Sin el rostro de Wilson, tan lleno de aristas y contradicciones, Becky se hubiera ido por el retrete. Kevin James como el supremacista Dominik, es toda una sorpresa y debería ir dando un giro a su carrera para no pasar a la historia del cine como un payaso con exceso de kilos. Joel McHale es un tipo agradable con facilidad para resultar cercano… Y atención al gran descubrimiento: Robert Maillet como el gigante y confundido Apex que actúa como la bisagra entre los antagonistas, las secuencias que comparten Maillet y Wilson son autentico oro.


¿Por qué defiendo Becky?: es una rara avis en estos tiempos de corrección política que corren, hay pocos personajes pero bien definidos, es como un home invasion que se convierte en una suerte de brutal Rape & Revenge. Tras la infravalorada Bushwick y esta sorprendente Becky, espero con ansia los siguientes trabajos de Jonathan Milott y Cary Murnion.

Firma: Javier S. Donate.

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