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miércoles, 14 de enero de 2015

Over Your Dead Body review


Título original: Kuime

Año: 2014

Duración: 93 min.

País: Japón

Director: Takashi Miike

Guión: Kikumi Yamagishi

Música: Kôji Endô

Fotografía: Nobuyasu Kita

Reparto: Ko Shibasaki, Ebizô Ichikawa, Hitomi Katayama, Ikkô Furuya, Hideaki Itô, Toshie Negishi, Hiroshi Katsuno, Miho Nakanishi


El terror no perdona ni a los clásicos.

Siempre es un placer poder comentar una obra de un director de la talla de Takashi Miike. Eso quiere decir también que hay que tener cuidado en no caer en la falta de criterio. Vamos a intentarlo.

Supongo que a estas alturas no habrá nadie que no conozca la obra de este brillante realizador nipón. Su variedad es tal que puede tocar todos los palos y estar brillante en cada uno de ellos. Eso sí, siempre tiene un rinconcito para la brutal o sutil violencia. Es su marca de fábrica.

En Over Your Dead Body, da una vuelta de tuerca más en su extensa filmografía. Dentro de un film truculento y en ocasiones salvaje ambientado en la actualidad, nos coloca una obra del más rancio kabuki, teatro ancestral japonés, que lleva por título Yotsuya Kaidan. Es una historia de traición, asesinato y venganza del más allá y se la considera la más famosa de las historia japonesas de fantasmas.

Es de destacar el tono triste que destila toda la película. La adaptación de la obra de teatro influye sobremanera para que eso ocurra. El escenario giratorio nos muestra un mundo en miniatura, donde los ancestros dan rienda suelta a unas situaciones encorsetadas dentro de la cultura de Japón. Las entradas y salidas de los actores en ese escenario, los lleva unos doscientos años atrás y la cámara los sigue como si en realidad la historia principal fuera esa. Eso nos parece a los occidentales, los nativos de ese país seguramente sabrán separar muy bien ambos mundos, no en vano esa obra es de las más conocidas.

La forma de rodar es preciosista. Cada mínimo detalle está cuidado al máximo. Incluso las múltiples escenas escabrosas están rodadas con mimo, como si no quisieran romper esa magia entristecida que nos viene de otro mundo, antiguo y misterioso. No obstante la falta de consistencia le hace bajar algunos enteros, ya que en ocasiones parece perderse entre ambos mundos, no sabiendo al final cuál de los dos es más importante.

Un grupo de teatro está ensayando Yotsuya Kaidan, un clásico de misterio. La vida entre bastidores dista mucho de ser tranquila. A medida que pasa el tiempo ese halo de misterio de la antigua historia se introduce en la realidad con terribles consecuencias.

Excelente trabajo de Miike, como no podía ser menos. De la meticulosidad de sus mise en scène nadie duda, pero claro, un film está compuesto de más cosas, y en ese compendio encontramos a faltar algo más, esa cosa que en otras producciones ha sabido plasmar y las ha hecho redondas. No obstante hay darle el mérito que se merece puesto que esto es algo diferente. Seguramente sus acérrimos fans se lo habrán perdonado, pero algo les dice que esto no es tan Miike como tendría que ser. Algo de culpa quizás tenga su guionista Kikumi Yamagishi, aunque nadie le puede negar su valentía. Para el que no lo conozca decir que es el responsable del guión de Hara-Kiri 3D y Zatoichi, excelentes credenciales. Nombrar también la excelente fotografía, cuyo responsable es Nobuyasu Kita, habitual del director japonés.

En el apartado interpretativo destacar a Ko Shibasaki en su papel de actriz principal de la troupe teatral, su locura queda reflejada a través de un personaje triste y desesperado. Por otro lado está Ebizô Ichikawa, como amante de la protagonista y actor desconocido que sabe arrimarse al árbol adecuado. Los secundarios lo bordan, está Hitomi Katayama, que encarna a la actriz suplente de Miyuki Goto e Hideaki Itô como actor de la obra y con un interés especial por Miyuki.

Gran ejercicio, novedoso e interesante del arte dentro del arte. La sublime escenografía os dejará con la boca abierta. Y es que hay pocas coses que se le resistan al maestro Takashi Miike. Hasta el teatro clásico.

Firma: Josep M. Luzán.