Grossmann - Daddy’s Girl review

Zoe y John comparten vínculos extraños y una malsana afición: irse de bares, contactar chicas monas, viajar a casa los tres y luego John se entretiene con ella en su mazmorra del dolor mientras Zoe observa. Pero las cosas no van bien entre ambos, los remordimientos hacen mella en Zoe y un policía empieza a investigar las mujeres desaparecidas.

Título original: Daddy’s Girl

Año: 2018

Duración: 81 min.

País: Estados Unidos

Director: Julian Richards

Guion: Timothy Hill, Sean Hogan

Música: Holly Amber Church

Fotografía: Dimitrije Jokovic

Reparto: Jemma Dallender, Costas Mandylor, Jesse Moss, Britt McKillip, Mark Arnold


Tantas promesas para tan pocas resoluciones.

Reconozco que el mundo White Trash estadounidense siempre me ha parecido fascinante y terrorífico a la vez. Esas imágenes tan potentes y reales del asalto al congreso de Estados Unidos el 6 de Enero del 2021, los hombres y mujeres vestidos con pieles de animales… Amigo, si Daddy’s Girl tuviera algo de esa sensación de polvo y sudor…


Zoe y John comparten vínculos extraños y una malsana afición: irse de bares, contactar chicas monas, viajar a casa los tres y luego John se entretiene con ella en su mazmorra del dolor mientras Zoe observa. Pero las cosas no van bien entre ambos, los remordimientos hacen mella en Zoe y un policía empieza a investigar las mujeres desaparecidas.

Julian Richards no es un novato en esto del terror con Shiver, Darklands o The last horror movie son tres ejemplos. Daddy’s Girl empieza con rapidez al plantear a estos malotes y el extraño juego sexual que se traen con que a uno le guste hacer daño mientras la otra no puede apartar la mirada. El amor/deseo/necesidad de estar acompañado a veces conlleva extraños compañeros de cama y ese punto entre decadente y noir podría haber dado vida a Daddy’s Girl pero la sensación es que la historia avanza sin orden ni concierto.

Richards y su guionista Timothy Hill pasan de puntillas sobre las pulsiones sexuales de unos y otros, de esta casa aislada donde se cometen infamias que sostienen una relación; todo da aire de quedarse a medio camino: uno no termina de comprender qué mantiene atados a estos dos, debido a que el personaje central, Zoe, va de un lado a otro con cara mustia y a veces actúa porque le interesa a la historia y no a la protagonista.


Todo está ahí, el sexo, las torturas, y sin embargo de la relación sexual solo vemos misioneros rutinarios y respecto a las torturas… ¿Para qué sirve tener un montón de aparatos de tortura si solo se utiliza la cama que da chispazos? Esa es la sensación que deja Daddy’s Girl, de ¿No hay más?

El problema no solo se encuentra en el guion, ya que Julian Richards maneja la cámara de forma solvente, sino también en el casting ya que Jemma Dallender da el físico pero no el acting, lo mismo que se puede decir de Jesse Moss que interpreta al policía, es demasiado soso. En el otro lado encontramos a Costas Mandylor, que se nota totalmente liberado interpretando al psicópata John; aunque suene paradójico hablando del malo, en él encontramos la frescura y diversión que falta al resto.

Ninguna de las películas de Julian Richards termina de rematar o conseguir un lugar en la memoria, los mismo que ocurre con Daddy’s Girl.

Firma: Javier S. Donate.

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