Sitges - The Amusement Park review

Trajeado para el paseo, este anciano se interna en un parque de atracciones repleto de gente. Los peligros surgen por doquier y el mayor es su edad, ya que todo va demasiado rápido y los visitantes y feriantes se convierten en sus verdaderos enemigos.

Título original: The Amusement Park

Año: 1975

Duración: 54 min.

País: Estados Unidos

Director: George A. Romero

Guion: Walton Cook

Fotografía: S. William Hinzman

Reparto: Lincoln Maazel, Harry Albacker


No hay mayor terror que la crueldad humana.

Es curioso, pero el verdadero valor de The Amusement Park no está en su contenido, aunque hay destellos de genialidad, sino en la historia que rodea el rodaje. Vamos a entrar en este parque tan caótico y hablamos de ello.


Trajeado para el paseo, este anciano se interna en un parque de atracciones repleto de gente. Los peligros surgen por doquier y el mayor es su edad, ya que todo va demasiado rápido y los visitantes y feriantes se convierten en sus verdaderos enemigos.

Y mientras, el tiempo corre imparable, inmisericorde.

The Amusement Park fue un encargo que una organización religiosa, La Sociedad Luterana, hizo a George A. Romero: rodar un mediometraje acerca de los problemas que aquejaban –y siguen aquejando - a nuestros mayores. Romero venia de un éxito como The Night of the Living Dead, los fracasos de There’s Always Vanilla y Season of the Witch, y la maravillosa The Crazies, un clásico repleto de rabia… Esto lo cuento para que veáis que el bueno de George no estaba para elegir y dijo que sí.

El guion de Walton Cook recuerda a series de antología tipo The Twilight Zone, con un personaje que nos introduce en la historia y al que seguiremos durante la hora siguiente. Hay aciertos en el guion que, en manos de Romero, se convierten en verdaderos coletazos de terror, pero la historia no solo es demasiado episódica sino que prescinde de la sutilidad y por si acaso el espectador no entiende el tema – bastante obvio – utiliza al actor principal, Lincoln Maazel que haciendo de sí mismo, interpela al espectador antes y después de la historia, aclarándole de qué va The Amusement Park. Con esto elimina parte del impacto que tiene una historia tan cruel; asimismo juega con el tono y añade una secuencia bastante ridícula situada en un restaurante, que choca frontalmente con el resto de la película y parece inspirarse en el humor surreal que Monthy Python utilizaba desde 1969 en Flying Circus.

Romero se defiende bien tras la cámara de 16 mm y, junto con la sucia fotografía de S. William Hinzman, genera el caos que le brindan todos esos extras y ancianos que giran por la pantalla; por cierto que el movimiento de la muchedumbre me recordó a Soylent Green, estrenada dos años antes.


Aunque The Amusement Park está repleta de momento agobiantes y terror, mi favorito es el “capítulo” en el que una pareja visita a una pitonisa para descubrir un futuro bastante horrendo; aquí tenemos al George A. Romero concienciado y rabioso, que a pesar de un guion poco sutil, es capaz de generar tensión apenas con una actriz, dos actores, sonido y montaje. Lincoln Maazel resulta demasiado teatral tanto cuando hace de sí mismo como del personaje principal, cumple y poco más.

Me hubiera gustado ver la cara de la Sociedad Luterana cuando George A. Romero les proyectó el mediometraje, ya que les gustó tanto que la hicieron desaparecer del mapa por casi cincuenta años. Menos mal que apareció una copia y hemos podido descubrir una nueva muestra de un Romero combativo que a unos irritará y fascinará a otros. Pero algo es cierto: el mensaje es universal, nuestro reloj vital corre y, algún día, nos encontraremos en The Amusement Park.

Tik, tok, tik, tok

Firma: Javier S. Donate.

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