Tiempo review

Prisca (Vicky Krieps) y su marido Guy (Gael García Bernal), así como sus dos hijos Trent y Maddox, llegan a una isla de ensueño para pasar unas vacaciones idílicas. Sin embargo, cuando llegan a una playa remota para pasar el día, empiezan a percibir extrañas anomalías y fenómenos inexplicables…

Título original: Old

Año: 2021

Duración: 108 min.

País: Estados Unidos

Director: M. Night Shyamalan

Guion: M. Night Shyamalan, Pierre-Oscar Levy, Frederick Peeters

Música: Trevor Gureckis

Fotografía: Mike Gioulakis

Reparto: Gael García Bernal, Vicky Krieps, Rufus Sewell, Alex Wolff, Thomasin McKenzie, Abbey Lee, Nikki Amuka-Bird


Un sinsentido en el paraíso.

Que el paso del tiempo duele y es terrorífico es algo que todos percibimos. Todos sentimos que se nos escurre la vida entre los dedos, y que parece que fue ayer que pasó aquello y lo otro. Saber que Shyamalan se iba a adentrar en estas cuestiones en Tiempo parecía de lo más interesante. Estamos ante una película muy esperada, una de esas que quedaron en un limbo pandémico y que en principio tendría que haber visto la luz este pasado febrero. Pero lamentablemente, aquello de que lo bueno se hace esperar no aplica en esta ocasión…


Prisca (Vicky Krieps) y su marido Guy (Gael García Bernal), así como sus dos hijos Trent y Maddox, llegan a una isla de ensueño para pasar unas vacaciones idílicas. Sin embargo, cuando llegan a una playa remota para pasar el día, empiezan a percibir extrañas anomalías y fenómenos inexplicables…

Sabíamos que Tiempo trataba los temas expuestos arriba ya que uno lo intuye en el tráiler, lo curioso era ver como Shyamalan resolvía la ecuación o cuan emocionante podía ser ese inexplorable paso del tiempo contado por él. Pues nada de lo uno ni de lo otro.

Lo primero que me llamó la atención en la cinta son los diálogos y las actuaciones. Los actores parecen mal dirigidos y las respuestas o preguntas que se hacen no tienen ningún sentido, casi como si fuera un teatro impostado. Los diálogos fallidos empiezan desde el primero entre Krieps y Garcia Bernal y se extienden por toda la película como un mal incontrolable. Nadie dice nada que tenga mucho sentido y nadie reacciona como tú ni nadie que conozcas lo haría. Esto tiene un efecto claro y directo: no empatizas con nadie, te da igual lo que ocurra.

La psicosis que contagia a todos los personajes es absolutamente grotesca. Obviamente la situación es para volverse loco, pero no es una locura que te angustia, es un circo descontrolado. Un caos, y solo esperas que Shyamalan (responsable del guion que adaptó de la novela gráfica Sandcastle) lo sepa resolver bien (que cada cual juzgue si lo consigue).


Desde un punto de vista técnico el maquillaje no es de lo mejor (y en esta historia es importante) y hay planos que francamente tienen el mismo sentido que los diálogos, o sea poco. La mejor escena a nivel técnico, con diferencia, es la de Abbey Lee (cualquiera que vea la peli sabrá de cual hablo).

M. Night Shyamalan tiene una carrera curiosa, con obras imprescindibles que quedarán en el imaginario de todos y con otras obras menores y olvidables. De su última etapa aprovecho para recordar Servant, la serie que hizo para Apple TV, que recupera sus mejores atmósferas y consigue transmitir un malestar que verdaderamente quita el aliento. Una pena que esta historia que podría haber emocionado y angustiado a partes iguales se quede en algo tan flojo a todos los niveles.

Firma: Sonia Antorveza.
@bunyoldesucre

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