Urubú review

Tomás es un fotógrafo que viaja a lo profundo del Amazonas para atrapar en una instantánea al legendario Urubú albino del que, por el momento, todavía no ha sido captado por una cámara. Junto a su mujer, quien no están pasando una buena época, y su hija, se adentrarán en una zona despoblada en la que los peligros son mucho más grandes de lo que podrían haber imaginado.

Título original: Urubú

Año: 2019

Duración: 90 min.

País: España

Director: Alejandro Ibáñez

Guion: Carlos Bianchi, Alejandro Heredia, Alejandro Ibáñez

Música: Arturo Díez Boscovich

Fotografía: Diego Barrero, Daniel Úbeda

Reparto: Carlos Urrutia, Clarice Alves, José Carabias, Alejandro Ibáñez, Julie D'Arrigo


Survival homenaje con problemas de argumento.

Nos encontramos ante la ópera prima de Alejandro Ibáñez, hijo del mítico Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador, absoluto icono del fantaterror español y de la televisión en general de los años setenta en adelante. Alejandro, lejos de querer distanciarse de la obra de su padre, abraza su herencia de manera constante mostrando multitud de guiños y referencias, unos más escondidos que otros, que en el caso de Urubú, encorsetan demasiado una historia que promete bastante pero que se pierde en su propia complacencia.


Tomás es un fotógrafo que viaja a lo profundo del Amazonas para atrapar en una instantánea al legendario Urubú albino del que, por el momento, todavía no ha sido captado por una cámara. Junto a su mujer, quien no están pasando una buena época, y su hija, se adentrarán en una zona despoblada en la que los peligros son mucho más grandes de lo que podrían haber imaginado.

La película es una mezcla de thriller y survival sin demasiado que contar y más centrado en homenajear que en explotar los valores de la propia cinta. Urubú es una cinta de 90 minutos que, sin afectar a nada de la trama, se puede re adaptar a media hora escasa pues la mayoría de hilos narrativos no llevan a ninguna parte, en este aspecto tiene mención especial todo su primer tercio centrado en el viaje en barco hacia el lugar, mostrando un trasfondo que gira alrededor de los problemas conyugales pero vistiéndolo de un extraño argumento de trío amoroso que no lleva a ninguna parte, y como tal, desaparece totalmente cuando llegan al destino. Este peculiar formato episódico desmerece a una historia que podría haber dado mucho más de sí, pues cuando se pone manos a la obra parece que es más un epílogo para darle un final a la historia.

Es uno de esos casos en el que el making of debe de ser mucho más entretenido que la película en sí, pues la producción se nota que fue un auténtico caos al rodar en plena jungla brasileña que no tiene ni trampa ni cartón. En cuanto a la dirección hay que ser consciente que este tipo de rodajes suelen ser infernales y que no puedes plasmar en pantalla todo lo que tienes en la cabeza pero, aun así, hay muchas ocasiones que el director no se atreve con ciertas escenas o directamente va por el camino fácil y esas cosas se notan, hay una escena de una pelea en una cabaña que tiene multitud de problemas. En Urubú lo que destaca para bien, y mucho, son los departamentos técnicos, la fotografía de Diego Barrero y Daniel Úbeda es preciosa en todo momento, pero las partes que mencionaba del barco, pese a inocuas argumentalmente, son maravillosas en lo visual. Otro departamento que destaca es la banda sonora, obra de Arturo Díez Boscovich, excelentes piezas épicas que mejoran lo visual (y en especial cuando se relaciona con la mentada fotografía). En el plano interpretativo hay un nombre que destaca por encima del (limitado en número) reparto, y es el de Carlos Urrutia, que cumple correctamente pero que sin duda es el personaje más maltratado, y por ende el actor tuvo que pasar auténticos calvarios constantes, es un sacrificio que hay que valorar de manera muy positiva.


La película tiene muchos problemas argumentales que con un montaje diferente tal vez se podrían haber subsanado, pero que la necesidad de rendir homenaje al gran Chicho y de rellenar minutos constantemente hacen que Urubú no atine tanto como podría haberlo hecho. Veremos si Alejandro Ibáñez opta por seguir con la estela de su padre o buscar su propio camino.

Firma: Oriol Hernández.
@Oriol_TW