Shed of the Dead review

En vez de pasar el tiempo con su mujer o buscando trabajo, los días de Trevor se dividen entre pintar figuras de rol en un cobertizo alquilado y eternas partidas con su amigo Graham. Su vida va cuesta abajo y sin freno cuando estalla un brote zombie y debe elegir entre ocultarse hasta que le llegue la muerte o luchar como los héroes de su juego de rol.

Título original: Shed of the Dead

Año: 2019

Duración: 82 min.

País: Reino Unido

Director: Drew Cullingham

Guion: Drew Cullingham

Música:  Reinhard Besser

Fotografía:  Stephen Murphy

Reparto: Stephen Brown, Lauren Shocha, Emily Booth, Ewen McIntosh, Kane Hodder, Bill Moseley, Michael Berryman


Buenos ingredientes, mala resolución.

Para mí, Shaun of the Dead fue un antes y un después para el mundo zomedy. En el 2004 el triunvirato Edward Wright, Simon Pegg y Nick Frost estrenaron una cinta que no solo era comedia, sino que los zombies 1.0 – aka los zombies lentos – daban miedo y, al igual que George A. Romero, los muertos vivientes retrataban una sociedad adormecida que sucumbía con rapidez ante el primer conato de peligro. Han pasado los años y no he encontrado una sola zomedy británica que no homenajee/plagie a Shaun of the Dead. ¿Tendremos suerte con Shed of the Dead?


En vez de pasar el tiempo con su mujer o buscando trabajo, los días de Trevor se dividen entre pintar figuras de rol en un cobertizo alquilado y eternas partidas con su amigo Graham. Su vida va cuesta abajo y sin freno cuando estalla un brote zombie y debe elegir entre ocultarse hasta que le llegue la muerte o luchar como los héroes de su juego de rol.

Escrita y dirigida por Drew Cullingham, Shed of the Dead es la enésima zomedy que nace a la sombra de Shaun of the Dead ya que tiene un protagonista con síndrome de Peter Pan, su mejor amigo es un desastre andante, tiene problemas de pareja…  Pero aunque los ingredientes sean los mismos y la mezcla distinta, el resultado dista mucho de ser mínimamente entretenido. Está bien dirigida, la fotografía de Stephen Murphy cumple y, sin embargo tiene dos grandes escollos: las continuas referencias al sexo, que no tienen gracia, y unos protagonistas que resultan antipáticos.

El protagonista absoluto, Trevor, es un tipejo que cae mal y eso que Stephen Brown tiene un convincente aspecto a medio camino entre canalla y sabandija; si en el minuto diez ya te importa poco lo que le pase al protagonista es que Drew Cullingham ha hecho mal sus deberes. Más suerte tiene con Ewen McIntosh, quien recuerda mucho al personaje de Nick Frost – física y mentalmente – que a pesar de resultar irritante al principio, tiene algunos de los mejores momentos y frases.


¿Qué es lo peor de Shed of the Dead? Tiene un plantel de actores y actrices que están en el imaginario del fan y desaprovecha a todos: el pobre Michael Berryman es el que sale peor parado con un personaje absurdo y que tiene el momento más bochornoso de la película, Lauren Shocha fue aquella ordinaria Kelly en la serie Misfits y aquí repite esquema y tics, pero resulta anodina e irritante; Kane Hodder – el Victor Crowley  de Hatchett – aparece un par de veces hasta cumplir con su cuota, lo mismo ocurre con Bill Moseley con su papel de Doc, hace presencia cuando lo exige el guion y no le dan juego a a pesar de tener el personaje más interesante de la película.

La debacle de Shed of the Dead ya venía desde el guion, cierto, pero alguien debería tirar de las orejas a Drew Cullingham por reunir un casting de ensueño y desaprovecharlo en una cinta tan rutinaria y, sobre todo, tan anodina como esta.

Firma: Javier S. Donate.