FANT Bilbao - Marama review

En 1859, Mary acude a una remota villa de Inglaterra. Ha sido llamada por la carta de un desconocido que afirma poder arrojar luz sobre su pasado. Mary es descendiente de Maories que fue educada por una pareja “blanca” de inglés y francesa. Pero una vez llega al lugar de la cita, su contacto ha fallecido y, por ello, debido al coste inasumible de volverse a Nueva Zelanda, el antiguo capataz ballenero Nathaniel Cole le ofrece ser institutriz de Anne, su nieta, concebida por su hijo Arthur y su mujer, una nativa maorí que falleció tras el parto.

Título original: Marama

Año: 2025

Duración: 85 min.

País: Nueva Zelanda

Director: Taratoa Stappard

Guion: Taratoa Stappard

Música: Karl Sölve Steven, Rob Thorne

Fotografía: Gin Loane

Reparto: Ariana Osborne, Toby Stephens, Umi Myers, Erroll Shand, Jordan Mooney, Evelyn Towersey


Un descafeinado cuento de terror gótico con ajuste de cuentas raciales.

Es innegable que el hombre blanco, en nombre de la civilización, ha cometido auténticos desmanes allá donde puso sus pies tras bajarse del barco. Tanto en Australia con los aborígenes como los Maories de Nueva Zelanda, mientras tomaban el té de five O’Clock, los colonos ingleses practicaban con alegría y deportividad tanto el exterminio como la segregación y diversos métodos a cada cual más deplorable. Hay películas revisionistas al respecto, imposible olvidar la impactante Generación Robada dirigida por Philip Noyce pero, salvo error, en el género del terror era una historia que no había aparecido.

El tema da de sí, la cuestión es si el tratamiento está a la altura.


En 1859, Mary acude a una remota villa de Inglaterra. Ha sido llamada por la carta de un desconocido que afirma poder arrojar luz sobre su pasado. Mary es descendiente de Maories que fue educada por una pareja “blanca” de inglés y francesa. Pero una vez llega al lugar de la cita, su contacto ha fallecido y, por ello, debido al coste inasumible de volverse a Nueva Zelanda, el antiguo capataz ballenero Nathaniel Cole le ofrece ser institutriz de Anne, su nieta, concebida por su hijo Arthur y su mujer, una nativa maorí que falleció tras el parto.

Mary se ve sacudida por violentas visiones cuyo origen es incapaz de determinar, pero poco a poco irá desentrañando la madeja de las mentiras de Nathaniel Cole y los terribles hechos que tuvieron lugar tanto en Nueva Zelanda como bajo aquel techo.

Hay películas que ya nacen eclipsadas por una idea y/o intención, da igual si brilla el trabajo actoral o técnicamente es una maravilla porque todo se subordina al servicio del concepto El rótulo del principio avisa al espectador que Marama es una película que trata el maltrato genocida que los colonos ingleses ejercieron sobre los maoríes tras llegar a Nueva Zelanda, informa de imágenes de violaciones que podrán impactar al espectador… Vaya por delante que hay videojuegos infantiles con más violencia gráfica que la ópera prima del hijo de inglés y madre Maori que es Taratoa Stappard.

Al leer sobre el trayecto desde el papel a la pantalla, se cuenta que Marama ha ido por distintos labs ganando premios y llamando la atención, pero igual parte de esa mordida o el tono de “ajuste de cuentas” se ha perdido en la traslación ya que esta historia acerca de Maories “engullidos” por el sistema blanco roza tanto el sopor como la sensación de estar tan encorsetada que le falta el aliento.

Marama quiere exponer un hecho ineludible: las maldades cometidas sobre los habitantes originales de Nueva Zelanda, pero si el Taratoa guionista no escatima el trazo grueso en los personajes – Hombre blanco malo y endogámico, maorí carne de cañón y solo sirve para calentar camas en noches invernales – el Taratoa director es bastante limitado ya que confunde oscuro terror gótico con sopor absoluto y personajes con un palo en el recto. ¿Y su concepto de lo perturbador? Digamos que en su cabeza sonaba mejor.


La historia cae una y otra vez en un bucle absurdo: desmayos de la protagonista por tener visiones de hechos terribles, explicaciones del dueño de la casa quitando importancia a lo que ha soñado mientras el pobre espectador se ve venir con demasiada antelación cualquiera de las revelaciones. Es innegable que se encuentran apuntes interesantes: ese maorí libidinoso y vendido al hombre blanco que no tiene reparo en convertirse en un fenómeno de feria a cambio de mujeres y bebida, pero todo este movimiento que es de los más interesantes de la película, pierde fuerza al estar acompañado por el retrato típico de una sociedad inglesa endogámica y tóxica. Las revelaciones finales pues oye, muy predecibles y sacadas de madre solo para señalar al hombre blanco como CULPABLE ABSOLUTO de todos los males del mundo.

Mamara podría haber sido un buen título, una historia a reivindicar por señalar atrocidades, pero el director Taratoa Stappard se deja llevar por la (fingida) indignación y convierte este ajuste de cuentas en una soflama demagógica de escaso interés. Parece ser que esta película es la primera de una trilogía gótica victoriana/Maori. Que conmigo no cuente el amigo Taratoa.

Firma: Javier S. Donate.

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