Sitges - Seance review

Camille, una estudiante con altas capacidades intelectuales, llega a una prestigiosa academia femenina. La plaza que ocupa, la habitación en la que le instalan, pertenece a la difunta Kerrie, muerta en extrañas circunstancias después de que junto a sus amigas convocara el espíritu que, supuestamente, vive en ese lugar.

Título original: Seance

Año: 2021

Duración: 92 min.

País: Estados Unidos

Director: Simon Barret

Guion: Simon Barret

Música: Tobias Vethake

Fotografía: Karim Hussain

Reparto: Suki Waterhouse, Madisen Beaty, innana Sarkis, Ella-Rae Smith, Seamus Patterson, Marina Stephenson Kerr


Una agridulce ópera prima.

El dueto Simon Barret y Adam Wingard siempre ha merecido mejor suerte de la que tuvieron, tanto sus historias para The Guest y You’re Next eran capaces de tomar clichés y darles la vuelta. En su ópera prima, Simon Barret, se fija en el mundo de las residencias estudiantiles femeninas e intenta hacer algo nuevo con ellas.


Camille, una estudiante con altas capacidades intelectuales, llega a una prestigiosa academia femenina. La plaza que ocupa, la habitación en la que le instalan, pertenece a la difunta Kerrie, muerta en extrañas circunstancias después de que junto a sus amigas convocara el espíritu que, supuestamente, vive en ese lugar.

Debo soltarlo ya porque me quema: Seance me ha resultado una decepción en toda regla. No soy de hacerme hype, pero si esperaba el grado de diversión alcanzado por Barret en los guiones ya mencionados; sin embargo, hay cierta sensación de apatía en Seance, los hechos se encadenan unos tras otros y sólo en escasos momentos se consigue algo parecido a interés.

Me lanzaré a hacer apuestas: antes de escribir Seance, Simon Barret ha visto La Residencia de Chicho Ibáñez Serrador y The Woods, la película maldita de Lucky McKee que homenajeaba/plagiaba Suspiria de Darío Argento. Los interiores siempre oscuros, esos cuartos de baño con una pátina de moho, los dormitorios, todo ya lo hemos visto en las películas anteriores. Lo peor de Seance no es que su historia sea predecible y a veces linde con el aburrimiento, es que no tiene emoción y los personajes son todos planos – incluyendo a una protagonista que debería ser fuerte y resulta anodina – e intercambiables más allá de que una lleve el pelo hacia arriba, la otra sea pelirroja, asiática, de color, etc…

Toda esta terrible sensación de no saber hacia dónde quiere ir Seance, se agrava por la espantosa música de Tobias Vethake, que parece compuesta para una comedieta absurda de los años ochenta en vez de una película de terror. La fotografía de Karim Hussaim cumple bastante mejor, aunque a veces intenta repetir el efecto de Insidious y que el espectador entrecierre los ojos para distinguir qué ocurre. Los asesinatos a veces juguetean con el slasher, otras veces con lo paranormal o el giallo, pero son predecibles y ninguno consigue hacer que te agarres al asiento.


Algo que también funcionaba en los proyectos Barret/Wingard era el casting, aunque fueran buenos o malos actores y actrices, todos daban lo mejor de sí mismos pero aquí se nota cierta pereza: Suki Waterhouse vaga por la película y a su alrededor pasan cosas, lo mismo que con el resto de los personajes. Marina Stephenson Kerr, como la regente de esta residencia de lumbreras, tan solo está para colgarse el gesto avinagrado y soltar reprimendas; Seamus Patterson es el único elemento masculino en la película y solo diré de él que es el único elemento masculino en la película.

Seance es una película que tenía todo para gustarme y, sin embargo, se ha quedado a medio camino hacia ninguna parte. Aun así, doy otra oportunidad a Simon Barret para recuperar esa vitalidad de antaño.

¡Venga, Simon, que tú puedes!

Firma: Javier S. Donate.

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