NIFFF - Knocking review

Molly se reintegra en la sociedad tras haber pasado una temporada en un sanatorio mental. Sola, sin conocer a nadie de su vecindario, pronto se obsesionará con los golpes que vienen del piso superior. Descubrir el origen se convertirá en una pesadilla sin salida posible.

Título original: Knackningar

Año: 2021

Duración: 74 min.

País: Suecia

Director: Frida Kempff

Guion: Emma Brostöm (basado en la novela de Johan Theorin)

Música: Martin Dirkov

Fotografía: Hannes Krantz

Reparto: Cecilia Milocco, Albin Grenholm, Ville Virtanen, Krister Kern


Bienvenidos a la locura en directo.

El estigma de la locura, el hambre insaciable de la soledad y el terror al distinto, es algo que nos acompaña en el día a día, y más en ciudades masificadas.


Molly se reintegra en la sociedad tras haber pasado una temporada en un sanatorio mental. Sola, sin conocer a nadie de su vecindario, pronto se obsesionará con los golpes que vienen del piso superior. Descubrir el origen se convertirá en una pesadilla sin salida posible.

La película de Frida Kempff muestra sus cartas desde el principio: Molly, la protagonista de Knocking, está mentalmente dañada, es inestable debido a un hecho traumático que, poco a poco, se va desplegando ante el espectador. A ritmo lento, a veces soporífero, la seguimos por su nuevo barrio, con una sociedad que ignora al débil, que tiende a formar grupos compactos aunque sean tus vecinos de rellano. La dirección de Frida Kempff acompaña a Molly, más desde el interior de su cabeza que desde su hombro: todo el inicio es cuasi documental, de cámara casi invisible sin aspavientos innecesarios, y cuando queremos darnos cuenta ya estamos sumergidos en la locura con movimientos de cámara y angulares que nos irritan.

En ese sentido la cámara de Kempff tiene un gran aliado en la fotografía de Hannes Krantz que juega con los matices de la luz hasta convertirla en agobiante, incluso diría que hay algo del J-Horror en el apartamento donde se desarrolla casi toda la historia; y quiero señalar, por su alta calidad, la secuencia del hecho traumático del pasado, con una fotografía a mitad de camino entre pesadilla y lugar de ensueño.

No he leído la novela de Johan Theorin en que se basa la película, así que ignoro la fidelidad de la guionista Emma Brostöm al adaptarla, pero Knocking tiene un elemento recurrente – dentro de una duración que la acerca al mediometraje – y es que siempre está moviéndose entre lo fascinante y lo rutinario, repleto de secuencias que parecen no ir a parte alguna, que no aportan a la trama… Craso error, porque Knocking no nos cuenta la historia DE Molly, sino DESDE los ojos de Molly. No hay una sola secuencia que se aparte de ella, ni siquiera los momentos finales donde llega la resolución.


Aunque aparecen más actores y actrices, la dueña de la función es Cecilia Milocco. Suyas son las sonrisas forzadas, los intentos de llevar una vida normal, la tristeza, la soledad, la locura, el agobio y el terror. El de Milocco es un rostro repleto de carácter, que tan pronto se ve hermoso como anodino o que se convierte en una máscara de locura. Un gran trabajo de interpretación que, espero, sea recompensado.

Knocking no es un terror al uso, sino terror social, y por ello al terminar el visionado era incapaz de saber qué nota darle; pero a la hora de haberla visto, me vino a la cabeza tal momento, y a las dos horas caí en que esta frase realmente significaba lo otro. Que una película se te agarre a la cabeza y te dé tanto que pensar es buena señal, aunque no sea terror clásico, y aunque solo sea por esto Knocking merece la pena.

Firma: Javier S. Donate.

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