MOTELX - Sputnik review


Tatyana Klimova es una joven doctora cuyo lema es “el paciente antes que todo”. Esto le trae problemas con sus superiores pero, a cambio, hará que el coronel Semiradov aparezca en su vida: debe ayudarle con el caso de un cosmonauta ruso, Konstantin, que volvió amnésico del espacio… Tatyana no tardará mucho en descubrir que lo prioritario no será curar la amnesia de Konstantin, sino salvar al ser extraterrestre que anida en el interior del cosmonauta.

Título original: Sputnik

Año: 2020

Duración: 113 min.

País: Rusia

Director: Egor Abramenko

Guion: Oleg Malovichko, Andrei Zolotarev

Música: Olev Karpachev

Fotografía: Maxim Zhukov

Reparto: Oksana Akinshina, Fedor Bondarchuk, Pyort Fuodorov, Anton Vasilev


Una idea interesante pero desaprovechada.

Aun sin ser fan de la cinematografía rusa, observo que esta nueva generación de cineastas ha tomado un paso acertado (mirar hacia el exterior para exportar sus películas) y otro equivocado (no buscar la voz propia sino imitar).


Tatyana Klimova es una joven doctora cuyo lema es “el paciente antes que todo”. Esto le trae problemas con sus superiores pero, a cambio, hará que el coronel Semiradov aparezca en su vida: debe ayudarle con el caso de un cosmonauta ruso, Konstantin, que volvió amnésico del espacio… Tatyana no tardará mucho en descubrir que lo prioritario no será curar la amnesia de Konstantin, sino salvar al ser extraterrestre que anida en el interior del cosmonauta.

La ópera prima de Egor Abramenko no oculta sus inspiraciones: por un lado el clásico indiscutible de Alien y por otro, aunque Abramenko no quiere reconocerlo está ahí a la vista, el fallido intento de J.J. Abrams por hacer una película a lo Steven Spielberg con Super 8. No vamos a negar que el primer tercio de Sputnik, heredero del espíritu de Ridley Scott, es entretenidísimo con el prólogo de la cápsula espacial, la presentación de la dura – aunque de tan fría parece un congelador – Tatyana Klimova, los primeros estadios de la investigación con el cosmonauta Konstantin y el secreto que oculta.

Pero ya luego entramos en el tramo puramente ruso, con un error que ya hemos visto repetido en otras películas de esta generación de cineastas: inconsistencia del guion, búsqueda de giros aunque aporten poco – o como en este caso resten – a la trama central, personajes que van para un lado y otro. Y esto unido al síndrome J. J. Abrams – lógico o no, la cuestión es que “mole” – pues ya convierte Sputnik en una deriva que Abramenko, con el guion de Oleg Malovichko y Andrei Zolotarev, sobrelleva como puede. La historia se mueve al ritmo de la valiente – ¿y he dicho que fría? - Tatyana Klimova mientras se desaprovecha algo muy interesante que subyace en la historia: todos quieren algo del extraño ser que mora en el interior del cosmonauta, y harán lo que sea por conseguirlo sin importarle las vidas que ello conlleve; atención a la subtrama que involucra un niño: horrenda.


Así como el trabajo fotográfico de Maxim Zhukov es brillante, con una gama de colores que nos llevan a los años duros de la dictadura soviética, el compositor de Olev Karpachev está con la mirada puesta en lo que Hans Zimmer compuso para Inception y abusa de una música siempre ominosa que aleja al espectador de la empatía. Respecto al trabajo actoral está comandado por Oksana Akinshina como la intrépida, efectiva e inteligente Tatyana Klimova y, bueno, se pasa toda la película con gesto de témpano de hielo y el ceño fruncido; Fedor Bondarchuk, el coronel Semiradov me ha parecido el más convincente mientras el cosmonauta Pyort Fuodorov da vueltas por ahí mientras Anton Vasilev, como el científico gubernamental, entra y sale de pantalla sin mucho impacto.

Sputnik vale como acercamiento a la nueva cinematografía rusa, pero su último tercio es predecible y se podrían haber ahorrado casi media hora de metraje; pero los efectos especiales están curiosos y toda esa primera media hora está repleta de aciertos.

Firma: Javier S. Donate.

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