Sweetheart review


Jenn despierta en la orilla de una playa, es la única superviviente de un naufragio y debe ingeniárselas en esta isla desierta para sobrevivir… Pero enseguida descubrirá que buscar comida y bebida es lo de menos, ya que cuando cae el sol hace presencia el otro morador de la isla y Jenn se convierte en pieza de caza.

Título original: Sweetheart

Año: 2019

Duración: 82 min.

País: Estados Unidos

Director: J.D. Dillard

Guion: J.D. Dillard, Alex Hyner, Alex Theurer

Fotografía: Stefan Duscio

Música: Charles Scott IV

Reparto: Kiersey Clemens, Emory Cohen, Hanna Mangan Lawrence


Robinson Crusoe para millennials.

Estas son las tres reglas que Jason Blum pide a sus producciones: a) pocos personajes b) pocas localizaciones y c) pocos diálogos. Pues según esto, debió celebrar fiesta cuando le presentaron el guion de Sweetheart.


Jenn despierta en la orilla de una playa, es la única superviviente de un naufragio y debe ingeniárselas en esta isla desierta para sobrevivir… Pero enseguida descubrirá que buscar comida y bebida es lo de menos, ya que cuando cae el sol hace presencia el otro morador de la isla y Jenn se convierte en pieza de caza.

La segunda película de J. D. Dillard mezcla dos universos completamente antagónicos como son el libro Robinson Crusoe de Daniel Defoe publicado en 1719 y la película Creature Of The Black Lagoon, dirigida por Jack Arnold en 1954; del libro toma la historia de un personaje atrapado en una isla desierta y acosado por caníbales, pero como estamos en una película barata, ambientada en tiempo real y políticamente correcta, prefiere evitar la amenaza de los caníbales y lo cambia por el monstruo de la película gracias al diseño de la criatura y su hábitat.

A nivel de dirección, J. D. Dillard se maneja bien, huye de estridencias narrativas a pesar de la edad del público al que va dirigido el producto e incluso hay aciertos visuales, como la presentación de la criatura o el primer enfrentamiento en la playa. A su vez el director de fotografía Stefan Duscio no desaprovecha el escenario y como en otro trabajo suyo, la trepidante Jungle de Greg McLean, la pantalla se llena de hermosos colores pero su trabajo pide a gritos películas de mayor calado que Sweetheart.

Donde ya encontramos las primeras aristas de Sweetheart es en el guion, coescrito entre J.D. Dillard, Alex Hyner y Alex Theurer, aunque sabe mantener el ritmo teme perder espectadores por el camino y no hay mucha tensión: todos los escollos a los que Jenn se enfrenta, menos al monstruo, son resueltos con facilidad; hay demasiada limpieza en la historia, incluso visualmente ya que tanto Jenn como los náufragos que aparecen más adelante, siempre van bien peinados y su cutis no muestra las inclemencias del tiempo. En este Robinson Crusoe del siglo XXI falta suciedad, tragedia, hambre y sed, la protagonista parece haberse leído un libro titulado “Qué hacer en una isla desierta” y en el minuto tres ya tiene todo resuelto.


A nivel de interpretación, Kiersey Clemens es la reina de la función durante la mayor parte del metraje, es hermosa y llena la pantalla aunque le faltan, vuelvo a incidir, unas cuantas capas de mugre y el pelo enmarañado. Emory Cohen solo aparece para soltar un discurso sobre Kiersey Clemens que ni viene a cuento ni aporta a la historia; Hanna Mangan Lawrence es la tercera en discordia y sirve para lo mismo que Emory Cohen pero en femenino. Da la impresión que Cohen y Mangan Lawrence comparten una trama que desapareció en alguna reescritura del guion.

En Sweetheart había ingredientes para hacer una película divertida y original al tomar dos conceptos tan antagónicos como un monstruo de la Universal y el protagonista de una gran novela, y hacerlos pelear como si de un videojuego se tratara, pero J.D. Dillar, Alex Hyner y Alex Theurer  deberían haberse dejado llevar por la locura de la historia y resolver la película solo con Kiersey Clemens como protagonista absoluta.

Firma: Javier S. Donate.