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martes, 12 de noviembre de 2013

The Last House on the Left review


Título original: The Last House on the Left

Año: 1972

Duración: 80 min.

País: Estados Unidos

Director: Wes Craven

Guión: Wes Craven

Música: David Alexander Hess

Fotografía: Victor Hurwitz

Reparto: Sandra Cassel, Lucy Grantham, David Hess, Fred Lincoln, Marc Sheffer, Jeramie Rain, Gaylord St. James, Cynthia Carr


Paz, amor y sangre en el salón.

Los inicios siempre son difíciles, aunque tienen la ventaja de que puedes dar rienda suelta a todo lo que se te ocurra. Vista en perspectiva The Last House on the Left sirvió para unir a dos mitos del cine de terror como son Wes Craven y Sean S. Cunningham. Pesadilla en Elm Street y Viernes 13, respectivamente, son sus credenciales. Eso ya nos da una idea por donde va la cosa. Sin casi línea argumental, tomada esta de la obra de Ingmar Bergman, El Manantial de la Doncella, este film fue rodado sin mucha preparación, siendo todo su metraje fruto de la improvisación, y su principal motivación fue filmar, sin ningún remordimiento, las mayores atrocidades que se les ocurrieron. Pero el dinero manda, y no pudieron incluir todas las que se rodaron, que según se cuenta, eran las más escabrosas.

Su falta de delicadeza la convirtió enseguida en una obra maldita a la vez que de culto. Estuvo prohibida en varios países. En el Reino Unido no fue hasta 2008 que se permitió la distribución sin cortes de la película, naturalmente para mayores de 18 años. Casualmente fue ese revuelo y las consiguientes prohibiciones lo que hizo que su éxito comercial fuera notable, sorprendiendo incluso a sus autores. Hoy en día esa crueldad o efecto malsano ha sido ampliamente superado por innumerables cintas, pero su amateurismo la hace sumamente atractiva e incluso, en mi opinión, impactante. Los años no pasan en balde, y el tiempo no ha sido precisamente su mayor aliado. De todas maneras incluye algún apunte interesante. Uno sería el dilema que nos plantea siempre la venganza al llevarla al límite, al final no sabemos quién es peor si las víctimas o los verdugos. Otro a destacar es el de la inclusión del tema hippy, ese término que cinematográficamente nos ha dado muchos ejemplos de que tras su lema de paz y amor, se esconde una violencia demencial.

Mari y Phylis son dos adolescentes que deciden celebrar el 17 cumpleaños de la primer asistiendo al concierto de su grupo favorito Bloodlust. Por las calles de Nueva York deciden preguntar a un joven donde podrían conseguir marihuana. Tras un pequeño titubeo Junior las invita subir a su apartamento, donde les espera una gran bienvenida por parte de sus amigos.

Escasa técnicamente en todos sus aspectos, con un guión, por llamarlo de alguna manera, deleznable y deslavazado, da en el clavo por su descaro y falta de escrúpulos a la hora de ser rodada. Eso ya es bastante meritorio, ya que la aureola de film prohibido hizo que en su época se convirtiera en un hito. Vista hoy en día se podría incluir en cualquier serie de cuento para niños, pero estamos hablando de 1972, los más de 40 años transcurridos se notan excesivamente. Hablar brevemente de las interpretaciones, son bastante mediocres en general, pero destacaría a dos en especial, naturalmente los más malos: Fred J. Lincoln y David Hess, crean unos personajes muy creíbles a la vez que perturbadores, yo al menos no me haría amigo de ellos, seguro que me pedirían dinero para irse de putas.

Para finalizar comentar que aunque sea una obra de culto y eso que se dice, el paso del tiempo ha sido su mayor enemigo. Su visionado, no obstante, os dejará mal cuerpo, más que otra cosa, por su violencia gratuita y que flota en el aire durante toda su duración. Imprescindible para entender todo lo que vino después.

Firma: Josep M. Luzán.