Grossmann - Death Line review

Dos jóvenes americanos, Patricia y Alex, son los últimos que vieron a James Manfred, un agente gubernamental, antes de su extraña desaparición en el metro. Sospechosos ante la policía, curiosos por leyendas locales acerca de un túnel perdido bajo tierra, ambos darán con un terrible secreto.

Título original: Death Line

Año: 1972

Duración: 87 min.

País: Reino Unido

Director: Gary Sherman

Guion: Ceri Jones, Gary Sherman

Música: Will Malone, Jeremy Rose

Fotografía: Alex Thomson

Reparto: Donald Pleasance, David Ladd, Sharon Gurney, Norman Rossington, James Cossins, Christopher Lee


Terror, diversión y crítica social.

Contaba Gary Sherman que Christopher Lee se le acercó cuando estaba a punto de rodar Death Line, ya que estaba interesado en participar a pesar de que Sherman no podía permitirse su sueldo, así que Christopher Lee le propuso un trato: una secuencia con un solo día de rodaje con Donald Pleasance. Esto nos indica que Lee sospechaba lo especial que sería Death Line.


Dos jóvenes americanos, Patricia y Alex, son los últimos que vieron a James Manfred, un agente gubernamental, antes de su extraña desaparición en el metro. Sospechosos ante la policía, curiosos por leyendas locales acerca de un túnel perdido bajo tierra, ambos darán con un terrible secreto.

Estrenada con distintos nombres, siendo Raw Meat el más conocido y Death Line el favorito del director, la ópera prima de Gary Sherman es una extraña mezcla entre terror, parábola social y policíaco. Coescrita por Sherman junto a Ceri Jones, Death Line arranca de forma ligera, al ritmo del tema burlón de Will Malone, con un gentleman ingles entrando y saliendo de peep show y puticlubs antes de ser brutalmente atacado en una siniestra estación de metro. En apenas veinte minutos, el espectador ya conoce tanto a los personajes principales como a la amenaza – atención al plano secuencia que nos muestra la guarida subterránea – así que uno se pregunta: ¿Qué peligros y misterios aguardan durante la siguiente hora?

Tal vez uno de los puntos más interesantes de la historia es su disparadero: que en una estación desaparezca gente vulgar no importa a las autoridades, pero todo cambia al tratarse de un hombre con alto prestigio social. Sobre toda Death Line sobrevuela un elemento social muy sutil, ya que cada personaje está en una escala superior respecto a otro y uno debe preguntarse qué protagonista es mejor/peor: ¿El dandy inglés amante de lo perverso, el policía más preocupado por tener un té decente que por el caso, la pareja de americanos que se meten donde nadie les llama, aquellos que taparon el accidente del pasado o el subhumano que sobrevive lo mejor que sabe?

La fotografía del Alex Thomson resulta espectacular ya que sus interiores en el metro de Londres y la guarida de los subhumanos, tienen una luz especial – a mitad de camino entre lo confortable, lo siniestro y lo orgánico de los túneles – con tonalidades que luego repetirá en Alien 3 de David Fincher. Imposible imaginarse otro director de fotografía.


En esta película cuasi coral, donde el protagonismo salta continuamente de unos a otros, la pareja joven interpretada por David Ladd/Sharon Gurney da muy bien en imagen como reflejo de una época, aunque pierden frente a la gran química de los veteranos Donald Pleasance/Norman Rossington, interpretando a los policías, y al increíblemente british James Cossins. Fijaos en el cameo de Christopher Lee, ya que la secuencia que comparte con Donald Pleasance no solo es el único encuentro en pantalla de dos grandes actores sino que Sherman juega con los encuadres como si fuera un duelo.

Como curiosidad decir que en el 2004, Christopher Smith dirigió Creep, que tiene tantos puntos en común con Death Line que básicamente es un remake inconfeso. ¿Y sabéis qué? Death Line no solo es mejor, sino que resulta mucho más moderna a pesar de tener cincuenta años a sus espaldas.

Así que ya sabes, baja a los túneles para tomarte algo con los Death Line.

Firma: Javier S. Donate.

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