Demonic Toys review

Una pareja de policías, unos traficantes de armas, un guardia de seguridad y un repartidor de comida basura se enfrentan a una amenaza que surge en el interior de un viejo almacén: un demonio ha infectado de maldad un grupo de viejos juguetes. Cero compasión: o los peluches o los humanos.

Título original: Demonic Toys

Año: 1992

Duración: 86 min.

País: Estados Unidos

Director: Peter Manoogian

Guion: David S. Goyer

Música: Richard Band

Fotografía: Adolfo Bartoli

Reparto: Tracey Scoggins, Bentley Mitchum, Dano Cerny, Michael Russo


¡Más muñecos de la Full Moon!

El propio Charles Band ha reconocido que le fascinan las historias donde objetos inanimados cobran vida, deben fascinarle tanto ya que sus productoras han amparado Dolls de Stuart Gordon, la saga de Puppet Master iniciada en 1989 por David Schmoeller y a su catálogo añadió Demonic Toys en 1992.


Una pareja de policías, unos traficantes de armas, un guardia de seguridad y un repartidor de comida basura se enfrentan a una amenaza que surge en el interior de un viejo almacén: un demonio ha infectado de maldad un grupo de viejos juguetes. Cero compasión: o los peluches o los humanos.

Aunque Charles Band se arroga el título de idea original, uno se huele que fue algo así como “Oye, David S. Goyer, ¿me escribes una historia sobre muñecos malotes? ¿Un Puppet Master pero con demonio por medio?… Vale, esta es mi teoría porque si realmente esta historia tan delirante de Demonic Toys se le ocurrió a Charles Band, es de quitarse el sombrero; pero a Charles Band, tenga ese crédito en la creación o no, hay que agradecerle que diera luz verde a una historia tan loca con esos ecos al John Carpenter de Assault On Precint 13, pero dándole la vuelta ya que los buenos quieren salir y los malos deben impedírselo.

En el lado negativo el hecho que Band dejara un proyecto tan divertido en las manos de Peter Manoogian, un director de la casa tan correcto como poco arriesgado, quien es incapaz de insuflar tensión, terror y comedia a un guion que pide a gritos un director con personalidad; imaginar Demonic Toys en manos de un director tan juguetón como Joe Dante o tan macarra como John Carpenter es un sueño húmedo. Hasta el director de fotografía Adolfo Bartoli, otro fijo de la factoría Full Moon, está poco inspirado en comparación con otros productos suyos directos a video.

Si pudiera encontrarme con David S. Goyer le diría “Goyer, tú antes molabas” porque aunque Demonic Toys es un trabajo primerizo, su tercer guion realizado, está repleto de diversión y mucha locura, ya desde ese principio con la secuencia onírica, la pareja de policías en el coche, la persecución hacia el interior del almacén, el despertar de los muñecos… Uff, y para la posteridad uno de los mejores (por locos) flashbacks de toda la historia del cine, donde se cuenta el origen de todo lo que está ocurriendo. Por el medio unos giros de guion, algunos más forzados que otros, que completan la fiesta junto con los maravillosos diseños y movimientos de David Allen, no llega a la genialidad de Puppet Master pero es que estos muñecos diabólicos son, quitémonos los tapujos, unos auténticos “cabrones”. Difícil elegir cual quedarse, ¿El oso? ¿Ese bebé que parece el hijo bastardo de Chucky y el Baby Herman de Who Framed Roger Rabbit? ¿El payaso serpiente?


Los humanos pierden puntos actorales frente a los muñecos, pero es que el casting es muy poco inspirado y demasiado televisivo, otro daño colateral de la etiqueta “directo a video”, y aunque tengo mucho cariño a Tracey Scoggings por ser la comandante de Babylon 5 en la última temporada de esta serie, no la veo mucho por la labor de correr de un lado a otro. Bentley Mitchum tenía un caramelito, el antihéroe con un toque cómico del que carece, y atención a Dano Cerny, quien tuvo una corta carrera, pero que da mal rollo con su cara de hijo de la gran… demonia, y su voz doblada por un adulto.

Hay escollos en Demonic Toys – dirección, actores – pero la historia es tan divertida, los giros tan impredecibles, ese flashback tan increíble, los diseños de David Allen… Hay que verla y dejar volar la imaginación, piensa en quien te hubiera gustado como director, cuáles hubieran sido los actores necesarios para hacer de Demonic Toys una película imprescindible.

Firma: Javier S. Donate.