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Medio Oficial

martes, 14 de noviembre de 2017

Crónica Festival TerrorMolins 2017 día 4


Lunes 13 de Noviembre

Entramos en la parte más rutinaria del Festival que consiste en la proyección en dos bloques de la extensa programación de este año. Una de las novedades de esta edición es la aparición de una nueva sala de proyección. Se trata de la Sala Gótica y tiene la particularidad de que todos los actos y proyecciones son gratuitos. Eso no quiere decir que la programación sea infecta, al contrario, poco a poco iremos desgranando las películas que componen una parrilla llena de grandes títulos.

Sin más dilación vamos a explicaros lo que ha ocurrido en esta jornada inter-semanal. Para empezar una sesión doble. La primera de las proyecciones es la española Compulsión de Ángel González que asimismo se encarga del guion.  Nos encontramos ante un debut en el largometraje de ficción, con anterioridad tuvo su incursión en el documental. Nos encontramos ante un thriller de terror en el que uno de los temas principales es el precio que se paga por descubrir la verdad. Ésta, en ocasiones, puede llegar a ser terrible y destructiva si no somos capaces de manejarla o aceptarla. Haciendo uso del refranero podríamos decir: La curiosidad mató al gato. Todo eso para descubrir a un personaje sin consciencia ni sentimiento de culpa y que en realidad no es quién parecía ser. En las interpretaciones tenemos a Susana Abaitua (Stockholm), Pol Cardona (Patria), Marina Esteve (Orden, Mar de Plástico) y Paco Manzanedo ([REC] 4: Apocalipsis). Una tímida joven tiene razones para sospechar que su enigmático novio le está siendo infiel. Decidida a revelar la verdad, descubrirá un siniestro secreto que convertirá su vida en una terrible pesadilla.

Vamos con la segunda de las proyecciones de esta primera sesión. Se trata de Downrange de Ryûhei Kitamura, uno de los bombazos de la temporada, sin duda. En el guion está ayudado por Joey O'Bryan. Kitamura ya nos deleitó, allá en 2012, con No One Lives, un título muy entretenido y lleno de acción marca de la casa. Rodar ese tipo de películas hace que los directores encargados de filmarlas acaben algo encasillados. El director de origen japonés no es una excepción, pero hay que decir que sus cintas tienen algo que las hace diferentes. Sin abandonar la mala leche, tiene toques infantiles que nos hacen sonreír a pesar de lo que va apareciendo en pantalla. Esto último no quiere decir que abandone la truculencia, en cierta manera heredada del gran Sam Peckinpah, autor del que beben muchos de los directores actuales, pero ciertos elementos a la vez que inverosímiles resultan hasta simpáticos. La escuela japonesa, tan poco dada a conceder nada al público, parece que tampoco es uno de sus referentes, si no que se lo digan a Takeshi Kitano o a Takashi Miike. Llegamos a la conclusión, por lo tanto, de que Kitamura tiene un estilo propio que cuenta con infinidad de seguidores. La parte actoral está muy dividida, destacaré no obstante a Kelly ConnaireStephanie PearsonRod Hernandez y Anthony Kirlew por estar más en tiempo en pantalla que el resto, así de simple. Un grupo de amigos que transitan por una carretera pérdida, tienen que detener el vehículo a causa del estallido de uno de los neumáticos. Lo que parecía un vulgar reventón, se convierte en la cacería de un enigmático francotirador, convirtiendo a los protagonistas en el más vulgar de sus objetivos.

Tras una breve pausa vamos con otra sesión doble, esta vez de carácter nocturno, como tiene que ser. El primero de los films es Habit de Simeon Halligan, estando el guion también a su cargo. Está basado en la novela de culto obra de Stephen McGeagh. Simeon Halligan es un habitual del terror, como ya demostró con Splintered y Los Intrusos, dando continuidad con el film que comentamos. La película sigue a un hombre en su descenso a la locura mientras trata frenéticamente de encontrar su lugar en el mundo. Una de las protagonistas involuntarias de la cinta es la ciudad de Manchester, que se torna refugio de almas oscuras y depravadas. Las imágenes que van apareciendo en pantalla son granulosas y oscuras. La música es ruidosa y bastante alejada de la de Oasis. Los personajes son de aquellos que no nos gustaría encontrarnos en un callejón oscuro. Vamos con las interpretaciones. Primero nombrar a Jessica Barden (Langosta), Roxanne Pallett (Camino Sangriento 6), William Ash (Desafío a la Muerte), Elliot James Langridge (Beatiful Devils) y Louis Emerick (Crimen Organizado). Michael es un joven con mala suerte. Después de presenciar la muerte de su madre, luchó para encajar en la Sociedad. Un día conoce a Lee y entra en el oscuro y peligroso mundo del sexo, los gánsteres y el asesinato.

Por primera vez en el Festival nos dirigimos a Asia, concretamente a Japón para ver la segunda de las cintas que componen esta sesión de noche. Se trata de un film con un título tan sugerente como Meatball Machine Kodoku de Yoshihiro Nishimura. En el guion está ayudado por Sakichi Satô, que para el que no lo sepa, es el encargado del screenplay de obras tales como Ichi The Killer y actor en otras como Kill Bill: Volumen 1 y 2. Si hablamos del director, especialista en cintas de acción, destacar algunas de sus obras: Tokyo Gore Police y Vampire Girl vs. Frankenstein Girl. La unión de esos dos genios nos lleva a una cinta hiperviolenta y empapada de sangre, donde las extremidades vuelan y las pistolas de pezón disparan con maniaco júbilo. Recordad la maestría de Nishimura en los efectos especiales. Sus creaciones alucinógenas van a caballo entre Tetsuo, The Iron Man o las películas de Takashi Miike y Sion Sono. En el elenco Tomori Abe, Kensuke Ashihara, Satoshi Eishima. Cuando el nefasto alienígena Necroborg llega a Japón, convierte a los seres humanos en máquinas asesinas. Entre ellos se encuentra un cobrador de morosos al que hace poco le han diagnosticado una grave enfermedad.

A la misma hora, pero en la Sala Gótica se proyecta la producción canadiense The Heretics de Chad Archibald, estando el guion a cargo de Jayme Laforest. Nos encontramos ante la nueva obra del prolífico cineasta canadiense. Como era de esperar en las producciones de Black Fawn, la calidad está garantizada. Es de agradecer que esta vez, aunque perdure esta corriente interna por parte de la productora en ofrecernos terror al estilo "body horror", hayan optado por mostrarnos un punto más añadiendo sectas a la ecuación. Se vuelve a unir la dupla Chad Archibald y Jayme Laforest, como director y guionista respectivamente. Una pareja la cual creemos que funcionó muy bien en Bite, y es un acierto volver a verlos unidos para The Heretics. Hablando del trabajo de Laforest, podemos apreciar cierto cambio o evolución desde su anterior trabajo. Pues en Bite, la historia se centraba casi en su totalidad en un solo personaje principal, y tampoco gozaba de un guion demasiado profundo. En el film que nos ocupa hoy, esto se solventa con una interacción entre los varios personajes principales muy interesante y a su vez un guion que evoluciona minuto a minuto y no deja de sorprender. En cuanto a las interpretaciones, empezar por su sufridora protagonista, Nina Kiri la cual tuvimos oportunidad de ver en Let Her Out, película de uno de los productores de esta cinta, Cody Calahan y que en The Heretics se confirma como toda una Scream Queen a tener en cuenta en futuras producciones. Como contrapunto interpretativo tenemos a Jorja Cadence que, a pesar de su corta trayectoria, mantiene el ritmo en un frenético duelo interpretativo. En mitad de un bosque, sin posibilidad a escapar, una chica es usada como sacrificio en un ritual satánico. A la mañana siguiente ella despierta rodeada por los cadáveres de sus captores, los cuales se han suicidado frente a ella. Ahora es libre, pero lo que parece una nueva vida llena de posibilidades, pronto se convertirá en una auténtica pesadilla que se repite.

La jornada ha llegado a su fin.  Habéis notado nuestro sentido de la ubicuidad, es algo que hemos desarrollado tras largos años en todo tipo de festivales y actos clandestinos. Tenemos que aprovecharnos de la parte más positiva del asunto. La otra es mejor dejarla oculta.