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jueves, 21 de febrero de 2013

Henry: Retrato de un asesino review


Título original: Henry: Portrait of a Serial Killer

Año: 1986

Duración: 90 min.

País: Estados Unidos

Director: John McNaughton

Guión: Richard Fire, John McNaughton

Música: Ronert McNaughton, Ken Hale, Steven A. Jones

Fotografía: Charlie Lieberman

Reparto: Michael Rooker, Tracy Arnold, Tom Towles


La disección de un asesino hecha sin concesiones.

Últimamente asistimos con regocijo a debuts de directores realmente notables. No voy a dar nombres ahora porque la lista sería muy larga. Sin darnos cuenta imaginamos una larga carrera de éxitos sin pensar que es mucho más difícil mantenerse que llegar. Nos situamos ahora en el caso inverso. Al visionar Henry: Retrato de un asesino de John McNaughton, ya tenemos toda una carrera dibujada y nuestro pensamiento en este caso es de lo que pudo haber sido y no fue. Tenemos que abstraernos de esto y gozar plenamente de una cinta realmente repulsiva y perversa. Escalofriante diría yo, rodada con desparpajo y, da la impresión, con total libertad. Es de esos casos que el buen cine independiente traspasa todas las barreras de la industria para convertirse en una obra mayor.

La historia es bien simple, habla de un asesino en serie y está basada en la vida del “angelito” Henry Lee Lucas. Hasta aquí nada nuevo. Lo que convierte en especial a Henry es su obsesión por asesinar aleatoriamente. Algo realmente difícil como sabemos. Ejecuta las muertes de diferente forma, manera y lugar. Por lo demás el retrato de este monstruo resalta, su falta de sentimientos a la hora de ejecutar las muertes, y la aparente normalidad de un personaje del cual poca cosa sabemos, solo que se cargó a su madre cuando tenía 14 años. A su lado tenemos a Otis, al que conoció en prisión y con el que comparte vivienda, y que tras un suceso algo macabro en las calles de Chicago, decide seguir a Henry en sus andanzas. La visita de Becky, hermana de Otis, huyendo de un fracaso sentimental enfrenta a Henry con algo con lo que no contaba.

Espeluznante cinta de John McNaughton en su debut como director. Además es co-guionista con Richard Fire y productor. Podemos afirmar que es un apuesta sumamente personal y nos imaginamos que quedó como hipnotizado con el personaje de Henry, decidiendo llevarlo a la pantalla de forma libre y un poco arriesgada, ya que fue censurada y no se pudo estrenar hasta cuatro años después. A esta aura macabra y tenebrosa contribuye sin duda la excelente fotografía de Charlie Lieberman y la indispensable música de Ronert McNaughton, Ken Hale y Steven A. Jones. Debido a su bajo presupuesto, McNaughton no dudó en utilizar a familiares y amigos y se da el caso de que una de las actrices secundarias, concretamente María Dimas, interpretó a tres personajes diferentes. Hablando de interpretaciones, destacar a los tres protagonistas: Michael Rooker, Tracy Arnold y Tom Towles. El primero de ellos, secundario de lujo en muchas películas, debutó también es este film recreando al asesino Henry y está memorable, su rostro impasible da una credibilidad asombrosa a un personaje de difícil caracterización. Los otros dos no le andan a la zaga. Tracy Arnold como cándida chica, enamoradiza e ingenua y Tom Towles dando vida a un personaje sucio, violento y repulsivo.

Estamos ante una obra imprescindible para todo aquel al que le guste degustar buen cine, hecho sin concesiones y de una manera auténtica. A pesar del tiempo transcurrido no ha perdido frescura y sigue impactando a pesar haber visto centenares de cintas más salvajes. Es algo que lleva marcado. Como un sello. El sello de la calidad.

Firma: Josep M. Luzán.